Un terrible interrogante atormenta a los estados mayores y los gobiernos occidentales: ¿y si se ha perdido la guerra de Afganistán? Una nueva estrategia se ha puesto en marcha desde diciembre de 2009; pero, ¿no será ya demasiado tarde? ¿Bastará el envío de 30.000 soldados suplementarios para estabilizar la situación? Hoy, la prioridad es proteger a la población de los desafueros de los talibanes y de los numerosos «errores» cometidos por la OTAN. Por otra parte, lo que también ha cambiado es la manera de plantearse el futuro. Actualmente, la ambición del ejército estadounidense y de las fuerzas de la OTAN ya no es eliminar la insurrección, sino imponer una nueva relación de fuerzas en que los rebeldes perderían la iniciativa. Esta es la razón por la que se han lanzado enérgicas ofensivas muy puntuales con dudosos resultados. Mientras los occidentales se encuentran en un atolladero, Barack Obama, debido a la presión de la opinión de su país, ordenó la retirada de los primeros regimientos estadounidenses para el verano 2011. Pero no es seguro que este anuncio sea del gusto de los militares que, una vez más, tienen la impresión de que el poder civil no hace más que dificultarles la tarea...